Características Château Ferran
Montaigne, Mauriac, Montesquieu. Los tres, cada uno en su época, fueron grandes literarios que brillaron cada uno en su género: el ensayo, la novela y el pensamiento político. Es por esta razón que, bajo el título de “las tres M de Burdeos”, la ciudad ofrece a los viajeros una ruta por los chateaux que fueron morada y fuente de inspiración de estos tres ilustres escritores. En el caso de Montesquieu, además de pensador, político y filósofo de la Ilustración, también fue un gran terrateniente. A la muerte de su padre y de su tío, heredó sus numerosas propiedades y entonces se dedicó a la explotación vitivinícola. Algo que se potenció al casarse con Jeanne de Lartigue, una protestante de armas tomar que, aunque era contraria al lujo mundano, no renunciaba al placer de hacer negocios en su explotación vinícola, Château Ferran. Pero aunque fue Montesquieu y su esposa quienes plantaron las vides para producir vinos certificados entonces como «Premiers graves Martillac» en esta finca, fue Robert Ferran, abogado del Parlamento de Burdeos, quien dio nombre a este excepcional viñedo en el corazón de Pessac-Léognan. Cinco generaciones después, Philippe y Ghislaine Lacoste gestionan la finca con 70 ha distribuidas entre viñas y bosques cerca de sus vecinos crus classés. Un terroir excepcional que permite obtener su célebre vino Château Ferran.
El viñedo de donde procede Château Ferran se extiende a lo largo de 18 hectáreas de suelos calcáreo-arcillosos del mioceno ligeramente cascajosos. Cepas de merlot, cabernet sauvignon y petit verdot que son cultivadas cuidadosamente, respetando las tradiciones familiares. Una vez vendimiada a mano la uva parcela por parcela, en bodega se selecciona, se despalilla y se pasa a depósitos de acero inoxidable termorregulados para iniciar la fermentación. A continuación, el vino se cría en barricas, de las cuales el 35% son de madera nueva, durante 12 meses antes de embotellar.
Como resultado, nos presentan Château Ferran. Un vino que, aunque no es tan célebre como algunos de sus vecinos crus classés, nos ofrece una frescura, mineralidad, complejidad y elegancia que nada tiene que envidiar. El reflejo de la elegancia de un terroir que ya supo apreciar el mismísimo Montesquieu.





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